02 julho 2011

Las antiguas de mí misma / As antigas de mim mesma

Las antiguas de mí misma

Las antiguas de mí misma
deben haber muerto
en fibras blancuzcas,
en aserrines
tropezándose en sus mismos pies,
ahorcándose en sus propios brazos.

Las otras de mí
deben haberse contenido el peso de las pupilas
en los pañuelos de sangre,
deben haberse colgado en el muro
a desgajarse el pellejo en las piedras.

Encuentro que estoy hecha de fríos
como las otras
lo sé porque el dolor de vivir
se me ajusta a la espalda
y me circula como un hematoma negro.

Voy oscura, descalza
como si ya me hubiera unido a las sombras para siempre
como si ya hubiera vivido siempre
trago cuchillos,
me deleito sorbiendo agua sal por las ternillas
hasta llenarme el estómago,
hasta volverme cianótica.

El dolor es una especie de éxtasis:
lloro detrás de la cortina
y me gusta cómo mis lágrimas se van espesando.
Es como ingerir solvente.

¿Hasta cuándo podré reír?
no puede existir un placer tan gratificante
como el dolor que me abunda.

¿Cuánto fuego podré tolerar?

Estoy hecha de eritemas
como quien guarda alacranes en el cajón
y se los traga
y deja que lo piquen hasta hacerse inmune.

No hay poción, ni raticida para el dolor
solo me queda apretarlo hasta que de tanto apretar
me vuelva insaciable.

Sin embargo
hoy no estás y eso sí es insalvable
es una nueva mutación del dolor.
Las otras de mí deben haberse colgado en el muro
y despellejado en las piedras.

Rocío Soria


As antigas de mim mesma

As antigas de mim mesma
devem ter morrido
em fibras esbranquiçadas
em serrins
tropeçando nos próprios pés
enforcando-se nos próprios braços.

As outras de mim
devem ter contido o peso das pupilas
em lenços de sangue
devem ter-se pendurado no muro
esfolando a pele na pedras.

Dou conta que estou feita de frios
como as outras
sei disso porque a dor de viver
ajusta-se-me nas costas
e circula em mim como um hematoma negro.

Vou escura, descalça
como se já me tivesse unido às sombras para sempre
como se sempre tivesse vivido
engulo navalhas,
deleito-me sorvendo água sal pela cartilagem
até encher o estômago,
até ficar cianótica.

A dor é uma espécie de êxtase:
choro atrás do cortinado
e aprecio o modo como as minhas lágrimas se espessam.
É como ingerir solvente.

Até quando poderei rir?
não pode existir um prazer tão gratificante
quanto a dor que me abunda.


Quanto fogo conseguirei tolerar?

Estou feita de eritemas
como quem guarda escorpiões no caixote
e os traga
e os deixa picar até se tornar imune.

Não há poção nem raticida para a dor
só me resta espremê-la até que de tanto a espremer
me torne insaciável.

Porém
hoje não estás e isso é insuperável
é uma nova mutação da dor.
As outras de mim devem ter-se pendurado no muro
esfolando-se nas pedras.

(trad: alberto augusto)